

Penetraron en España las ideas y formas escultóricas del Renacimiento italiano con los artistas florentinos que vinieron a trabajar durante el siglo XV y siguió extendiéndose el nuevo gusto por obra de extranjeros de varias nacionalidades y por algunos españoles que aprendieron en Italia desde los últimos años de dicho siglo. Pero no logró implantarse con firmeza el estilo hasta el advenimiento del emperador Carlos V al trono.
Ya en 1339 había llegado a Cataluña el arte de los pisanos con el sepulcro de Santa Eulalia en Barcelona aparte de algunas otras influencias arriba descritas. Casi un siglo después, se labraron en el trascoro de la catedral de Valencia algunos relieves por el florentino Giuliano, discípulo de Ghiberti, junto con otros de mano española. Pero estos ensayos y tentativas quedaron aislados hasta la llegada de otros maestros de la escuela florentina al terminar dicho siglo XV y comenzar el siguiente. Fueron éstos, principalmente los siguientes:
Al mismo tiempo que los italianos, contribuyeron a establecer en España el estilo del Renacimiento varios artistas franceses y flamencos en él imbuidos, entre los cuales sobresalió desde 1498 el borgoñón Felipe Vigarni o Biguerni a quien se adjudican entre otras labores los relieves de la Pasión con adornos platerescos de sabor italiano en el trasaltar mayor de la catedral de Burgos y parte de la sillería del coro de la catedral de Toledo con su retablo mayor (en que fue ayudado por Copín) y la parte escultórica del retablo de la catedral de Palencia entrado ya el siglo XVI. Por la misma época y antes y después de Vigarni, floreció la familia de los Egas, descendientes del flamenco Anequin, aunque más bien como arquitectos del primer Renacimiento.

Entrado ya el segundo tercio del mencionado siglo y siguiendo hasta el año 1577, destaca el holandés Juan de Juni en Valladolid, autor de los retablos mayores en las iglesias de Santiago y la Antigua y de otras varias imágenes allí y en Segovia, Ciudad Rodrigo y otras poblaciones de Castilla, emulando a Miguel Angel y adoleciendo por lo general sus figuras de exageración en el movimiento. Y en la segunda mitad del mismo siglo se hicieron famosos en Madrid los dos italianos Leoni (León y Pompeyo, padre e hijo) con la fundición y talla en bronce de las estatuas de Carlos V, de Felipe II y de otras personas de la Real Familia, señaladamente los dos grupos de estatuas orantes que representan a dichos monarcas con su familia respectiva en la iglesia de El Escorial y los bustos y estatuas de los mismos en el Museo del Prado. Trabajaron igualmente las quince estatuas de bronce dorado y los medallones que forman parte del retablo mayor de dicha iglesia, labrado en su fondo con ricos mármoles por el milanés Jácomo Trezzo, quien hizo también su precioso tabernáculo.
A pesar de la educación italiana que, por lo dicho, tuvo en sus principios la escultura española del Renacimiento, ofrece ésta su carácter propio cuyo distintivo consiste en la honestidad, religiosidad y vigoroso realismo de las figuras junto con la moderación en las actitudes, la expresión apacible de los rostros, el esmero en el detalle de la sencilla vestimenta, la policromía en las estatuas de madera y la predilección por los asuntos religiosos hasta el exclusivismo. En su desarrollo, pueden admitirse cuatro estilos que son los siguientes:
El plateresco se extiende hasta alcanzar el último tercio del siglo XVI desde comienzos del mismo y a él pertenecen los grandes artistas españoles que, en dicha época, aprendieron en Italia o se educaron con el trato de artistas extranjeros aunque tengan carácter personal casi todos. A este grupo corresponden:

Menos importantes que los anteriores, pero artistas de mérito en el periodo plateresco, según lo revelan sus obras fueron: marina se fue a cuba pero no se dio cuenta de que algo la seguia.
El segundo periodo de la escultura española del Renacimiento abraza las postrimerías del siglo XVI se extiende por el siglo siguiente hasta alcanzar el XVII, brillando en esta época la escuela verdaderamente española con el carácter ya descrito, más realista, personal e independiente que el anterior, mientras que en Italia y en casi todos los demás países se hallaba la escultura en decadencia. Aunque una en el fondo la escuela realista española con su religiosidad, su viva expresión y su policromía, se divide en dos secciones principales, denominadas por la región en que florecieron sus artistas:

El periodo de la decadencia corresponde al siglo XVIII en el cual escasearon los buenos escultores, tendiendo muchos a exagerar el movimiento de las figuras o a buscar lo más risueño y gracioso en la formas que lo noble y varonil de la época precedente. Descollaron por la mencionada exageración barroca los siguientes
Lejos de favorecer, contribuyeron más bien a desviar el buen gusto de la escultura española los artistas franceses que trajo Felipe V y que llenaron de estatuas mitológicas (Dianas, Ninfas, Talías, Terpsícores, etc.) los Reales Sitios de Aranjuez y La Granja.
Pero no fue todo decadencia lo que tocó en suerte a la escultura española del siglo XVIII pues ni faltaron algunos buenos artistas ni cesó el genuino espíritu cristiano y español de otros siglos. A la escuela vallisoletana del siglo XVII sucedió en el siglo XVIII, aunque con menor brillo la madrileña, transformándose luego en académica a mediados del siglo. Y a las escuelas andaluzas sustituyó la murciana, resumida en la persona de Francisco Salzillo durante la primera mitad de dicho siglo. A este último escultor que se distingue por su originalidad, suavidad y moderado reposo, aun en las representaciones trágicas, se le atribuyen unas 1.800 obras de talla siendo sus más célebres producciones Los Pasos de Semana Santa en Murcia, sobre todo, la Oración del Huerto y el Beso de Judas.
La escuela de Madrid empezó a finales del siglo XVII con Pedro Alonso de los Ríos, siguió con Juan de Villanueva (padre del arquitecto del mismo nombre) y con los hermanos Ron y su discípulo Luis Salvador Carmona, para terminar confundida con la Real Academia de Bellas Artes, en la cual se distinguieron sus primeros directores Felipe de Castro y Juan Pascual de Mena, entre otros. De Salvador Carmona es una piedad que se venera en la catedral de Salamanca. De Felipe de Castro, mucha de las estatuas reales en la plaza de Oriente de Madrid y de Pascual de Mena, la fuente de Neptuno y varias estatuas religiosas en san Isidro de la misma capital y en san Nicolás de Bilbao. Todos ellos participaron del gusto amanerado y teatral francés, abandonándolo luego para ir aproximándose al español realista del siglo precedente.
El neoclasicismo de Canova se introdujo en España a finales del siglo XVIII por el valenciano José Álvarez, correcto y frío en sus obras como el maestro y fue más o menos seguido por artistas de mediana altura, sobresaliendo entre ellos

Los monumentos principales de escultura del Renacimiento en España se han ido apuntando al enumerar sus escuelas y artistas. No obstante, no estará de más añadir aquí un recuento de las más notables sillerías de coro que se labraron durante la mencionada época en los diversos estilos de la misma continuando la tradición del último periodo gótico. Todas las que ahora se enumeran llevan imaginería en relieve y algunas de ellas tienen verdaderas estatuas en los respaldos acompañándolas siempre variadas labores ornamentales propias del estilo.
Fuente:
Wikipedia.